Fundación Marambio

Discurso pronunciado al conmemorarse el
60° aniversario del
Ejército Argentino en la Antártida Argentina

por el Teniente Coronel (R) EDB Dr. Jorge MOTTET

21 de Marzo | 1951 - 2011

"Que emoción tan profunda, dirigirles la palabra en este acto!

Hace 60 años en un día como hoy en la Antártida Continental Argentina - a 187 kilómetros al sur del Circulo Polar Antártico - el entonces Coronel Hernán Pujato - alma y nervio de una epopéyica patriada - dejaba inaugurada la Base General San Martín.

Esa fue la primera base argentina en ese helado continente, también conocido como la última frontera del mundo.

Estoy seguro que el eco de las vibrantes y emotivas palabras del estoico Coronel, todavía resuenan entre los eternos glaciares que circundan la zona.

Como Segundo Jefe de la expedición me cupo el altísimo e inolvidable honor de izar por primera vez - con carácter de permanencia - el pabellón patrio que se elevó majestuoso en el imponente ámbito de los hielos eternos.

Una escritora argentina, Susana Rigoz aquí presente, autora de la única biografía sobre Pujato, escribió que nada intimidó ni al Jefe ni a los participantes, ni lo riesgoso de la empresa, ni la falta de medios, como tampoco la incomprensión de sus conciudadanos; sin claudicar fueron superando uno a uno todos los inconvenientes.

El jefe de la expedición sabia que la acción puede mucho más que las palabras y no se amedentró ante el cúmulo de objeciones que se le fueron presentando.

Fuimos ocho expedicionarios que invernamos en ese rincón de la patria tan desconocido pero tan querido.

Además, sabíamos que fundaríamos lo que sería la base más austral del mundo, lo que vale decir que ningún otro ser humano habitaría más cerca del Polo Sur.

El tiempo transcurrido y los progresos científicos y técnicos hacen que lo que digo no refleje la magnitud que tuvo en aquellos lejanos días.

Debo agregar que nuestra comunicación con la familia y el resto del mundo estuvo limitada a la radiotelegrafia – no a la palabra hablada – por medio de telegramas comunes que pagábamos como si viviéramos en una ciudad.

Tampoco dispusimos de comodidades y creo que no las necesitamos.

Como ejemplo diré que nuestros muebles fueron cajones vacíos y la única música disponible provenía de un fonógrafo a cuerda que me pertenecía y con él todos los días – puntualmente – a las 6 y 30 de la mañana, tocaba diana con la Marcha de San Lorenzo.

Todos los miembros de esa patriada ya han emprendido el viaje sin retorno, menos yo; porque Dios así lo quiso soy el único sobreviviente.

Remarco que la nuestra fue una misión esencialmente patriótica; entre muchas cosas lo prueba el hecho que lo único simbólico que llevamos fue un cofre de bronce con tierra extraída en Yapeyú, del solar natal de nuestro prócer máximo, el General don José de San Martín, el que fue depositado en la Base como una reliquia.

También llevamos una imagen de la Virgen de Luján, donada por los Doctores Carlos y Jorge Perez Companc, que amparó toda nuestra estadía.

Por razones de tiempo no puedo hacer una reseña cronológica de aquellos días que procedieron a la partida del buque Santa Micaela.

Nuestra Marina de Guerra estaba imposibilitada de asumir el traslado de la dotación y sus pertrechos y eso significaba la postergación por tiempo indefinido del viaje de la expedición; nosotros sabíamos perfectamente bien que eso era el final de la empresa.

Es mi deber, mi obligación, evocar a quienes hicieron posible ese traslado cuando la expedición había sido condenada al fracaso, aun antes de haber dejado el puerto de Buenos Aires.

Ellos fueron los Doctores Carlos y Jorge Pérez Companc – ya fallecidos - quienes en un noble gesto y con un patriotismo y un desinterés que estaba lejos de ser lo común en esos días, proporcionaron el buque Santa Micaela al que adaptaron para el temerario viaje.

Además, lo dotaron con la mejor tripulación posible al mando del más experimentado Capitán de Ultramar, todo ello sin cobrar absolutamente nada!

Nunca olvide ni olvidaré cuando ambos caballeros, luego de escuchar mi pedido que suena como decirles "llévenos al sur del Circulo Polar, a mares donde han fracasado famosos exploradores polares y no se como se les podrá pagar", me contestaron: "Capitán, sus problemas se han terminado. Nosotros los vamos a llevar y no vamos a cobrar nada por eso"

Ambos, como nosotros, tenían fe en Dios e intuían que no fue por simple casualidad que yo llegara a ellos con un pedido tan insólito.

Los preparativos previos fueron frenéticos, la selección del personal no nos ofreció opciones, prácticamente nadie quería ser parte de la empresa.

Los que lo hicieron provenían de orígenes dispares y no se conocían entre sí; sin embargo, el profundo amor a la patria y el desafío de la Antártida nos unió para formar un grupo homogéneo amalgamado por ideales comunes que nos hermanaron.

Los pertrechos de la expedición se acumularon en un depósito de la calle Cerviño, allí trabajaron todos sin distinciones, recibiendo clasificando y encajonando lo que íbamos a llevar.

Ninguno recibió ni pidió compensación alguna ni reembolso de sus gastos en beneficio de la empresa; comíamos en una fonda cercana, no porque la comida fuera buena – que no lo era ! – sino porque costaba menos.

Que orgulloso me siento por haber sido uno de ellos!

A pesar de todos los presagios negativos el Santa Micaela llegó a Bahía Margarita transportando a la expedición, su tripulación colaboró en la instalación de la base y regreso al puerto de Buenos Aires sin haber tenido ningún problema. Creo que fue un milagro y Dios nuestro timonel.

En jornadas extenuantes que a veces llegaron hasta quince horas, poco a poco se fueron construyendo las dos casas prefabricadas y se descargaron los pertrechos de la expedición.

Ya instalados en la Base San Martín el Coronel Pujato y yo formamos la primer Patrulla Polar Argentina, sin experiencia previa en esas lejanas latitudes -por más que ambos éramos experimentados montañeses- con nuestros esquíes, trineos y perros comenzamos las exploraciones continentales polares y recorrimos lugares nunca antes hollados por seres humanos.

Señoras, señores, camaradas antárticos; por supuesto nosotros no fuimos los mejores porque en la vida siempre hay alguien que es mejor que uno, pero fuimos los primeros y eso nadie nos lo puede disputar.

Esa semilla que se plantó aquel lejano 21 de marzo de 1951 germinó generosamente y ha dado frutos que nos enorgullecen ante el mundo de las ciencias y de las exploraciones polares.

Fuimos ocho vidas argentinas que luchamos con denuedo para establecer esa avanzada en el mayor desierto del planeta y plantar el pabellón nacional en las latitudes más australes por entonces.

Posteriormente otras dos comisiones de patriotas completarían el sueño de todos los argentinos enclavando ese mismo pabellón celeste y blanco en el vértice de la patria: el Polo Sur.

Una fue la "Operación 90", comandada por el entonces Coronel Jorge Edgard Leal, ahora General, y la otra por el Teniente Coronel Víctor Figueroa, también ahora General y Comandante Antártico del Ejército Argentino. Este viejo antártico saluda y rinde tributos a ambos y a quienes los acompañaron.

Así voy recordando lo que inspiradamente dijera el General Pujato:

En el sudario blanco de los hielos y en el azul de los cielos antárticos esta en gigantesco tamaño nuestro pabellón.

Parecería una visión grandiosa y solemne de la patria perdurando a través de los siglos, con la grandeza de los valientes, la dignidad de los honrados y con la gloria inmaculada del Gran Capitán de los Andes, don José de San Martín.

En este acto de hoy he entrecerrados mis ojos y he vivido en un instante aquellos tiempos de duro bregar en la Base San Martín, sirviendo a mi amada Patria.

Como se ahonda el corazón evocando épocas pasadas tan trascendentes; por eso vuelven redivivos los nombres de quienes unidos se sacrificaron para -valga la expresión- engrandecer el territorio nacional.

Aunque ya no estén con nosotros su recuerdo si lo está y quisiera que mis palabras vayan como una medalla evocativa a prendérselas del pecho.

Ellos arriesgaron todo, no pidieron ni aceptaron nada; su mejor premio fue la satisfacción del deber cumplido.

Empresarios que donaron el uso del barco Santa Micaela:

Dr. Carlos PÉREZ COMPANC  
Dr. Jorge PÉREZ COMPANC  


Miembros de la Expedición:

General de División Hernán PUJATO
Doctor Hernán GONZÁLEZ SUPERY
Suboficial Mayor Haroldo RIELLA
Suboficial Mayor Lucas SERRANO
Doctor Ernesto GÓMEZ
Señor Ángel ABREGU DELGADO
Señor Antonio MORO

También:

Teniente Coronel Luis FONTANA Oficial de Enlace
Capitán de Ultramar Santiago FARRELL Capitán del Santa Micaela

Vibre para ustedes una sonora diana de clarines vencedores haciendo flamear los colores de nuestra venerada bandera.

En cuanto a ti, Base General San Martín, en tus helados suelos y glaciares eternos cumplí mi misión con la Patria.

Gracias por los recuerdos, pude volver a ti en mis sueños y en este sentido homenaje …. adiós.

Señoras, señores aquí presentes.… , tengo ochenta y ocho años y medio, acompañen el grito de este viejo soldado…., un grito que se escuche en todos los confines de nuestra nación.

Argentinos, viva la patria!

Maestro, por favor, toque una diana de gloria."

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