Fundación Marambio
Humildad y capacidad de un antártico
Expedicionario al Desierto Blanco
Antonio Moro

Recibimos de Friuli, Italia un mensaje donde nos decían que estaban realizando con las escuelas un libro sobre los personajes nacidos allí, que se han destacado en el mundo.

Nos comentaban que descubrieron que Antonio MORO, quien nació en el año 1906 en estas tierras italianas, había integrado diversas expediciones a la Antártida, por tal motivo nos solicitaban información y fotografías del mencionado.

Pudimos satisfacer este pedido con información propia y con la suministrada por el Comando Antártico del Ejército Argentino, también del historiador antártico Coronel EDB (R) Adolfo E. QUEVEDO PAIVA y del 2do. Jefe de la Primera Expedición Argentina a la Antártida (año 1951) Coronel EDB (R) Dr. D. Jorge Julio Casimiro MOTTET.

Antonio MORO había nacido en Santa María di Sclaunicco, Udine, Italia en 1906, se nacionalizó argentino, enrolándose en el Distrito Militar Buenos Aires, asignándosele la Matrícula Individual 4.501.613 y falleció en la ciudad de Tandil, provincia de Buenos Aires el 26 de mayo de 1979, a los 73 años de edad.

Había llegado al país en el año 1923 y en la ciudad de Buenos Aires concurrió a la escuela nocturna y academia de cinematografía.

Desde 1927 hasta 1947 trabajaba de "albañil de día y artista de noche", fue artista de varietés y actuó en confiterías del país acompañando a destacadas figuras del espectáculo y también filmó papeles cinematográficos de extra y de reparto, en varias películas del mayor cómico argentino, Luis Sandrini; también fue ayudante del decorador Raúl Soldi.

Fue un veterano trabajador de la Antártida considerado como uno más de nuestros pioneros del continente helado.

Recto y trabajador, desde 1948, año en que invernó en las Orcadas, hasta el final de sus días estuvo vinculado al accionar antártico argentino y el fruto de sus esfuerzos, que se materializo en tantos lugares distintos, lo recordarán para siempre.

En cierta forma, Antonio Moro, quién nació en Italia en 1906, fue un verdadero exponente de los inmigrantes europeos que llegaron a la Argentina en las primeras décadas de este siglo.

Ansiosos de dejar atrás guerras, convulsiones sociales y una vida inclusive mísera, hallaron en este país una serie de oportunidades invalorables. Por su parte, estos inmigrantes aportaron un empeño tenaz, una capacidad de trabajo propia de quienes sienten que están viviendo en su propia patria.

Así se comportó Moro, se lo vió como un argentino más, integrado al país, sintiendo sus problemas. A lo largo de más de treinta años la Antártida Argentina ocupó una parte muy grande de su vida.

En efecto, accidentalmente, en el año 1945 se enteró que se precisaba personal para ir a trabajar a las islas Orcadas donde era necesario levantar una nueva casa en reemplazo de la anterior, ya inepta para el uso.

En esa ocasión las circunstancias le impidieron llegar a las Orcadas en calidad de albañil, pero en 1947 –lleno de interés, por cierto-, Moro inició su primera invernada antártica como improvisado cocinero de nuestro viejo observatorio meteorológico.

Moro reveló en las Orcadas los rasgos más notables de su personalidad, trabajador ingenioso, infatigable, intervenía en toda clase de actividad manual.

Y en la isla Laurie del grupo de islas Orcadas, se conserva algo de el, la diminuta capilla en lo alto de las rocas que alberga una imagen de la Virgen de Lujan, fruto de su oficio de albañil y de su profunda devoción.

Después de su estada entre los hielos, Antonio Moro fue recordado por alguien que supo apreciar sus dotes personales, en noviembre de 1950 recibió un mensaje del entonces Coronel Hernán Pujato quien lo invitaba a participar en una expedición al continente antártico.

Al ser entrevistado por el Coronel, le manifestó que no hacia comida de mucha preparación, sino sencillas y sanas, pero que además sabia desempeñarse como albañil, defendiéndose como electricista y carpintero; su forma de decirlo y su bonhomía, conquistaron a Pujato quien apreció que frente a él tenia un hombre honrado.

Gracias a esta convocatoria es que Moro fue uno de los fundadores de la Base de Ejército San Martín, la primera base argentina que se instaló al sur del Circulo Polar Antártico. Aquí, en bahía Margarita volvió a encontrarse con la hostilidad de los elementos, los problemas prácticos y anímicos del aislamiento.

Durante la invernada de 1951 en Bahía Margarita, Moro demostró ser un trabajador todo terreno, hábil e inteligente para resolver cuanto problema de infraestructura surgía.

A su ingenio se debió el talud de piedras que rodeó y protegió pronto los cimientos de la casa-habitación, el revestimiento de las paredes de madera, por las cuales el huracán solía introducir grandes cantidades de nieve.

La fundación de la Base de Ejército General San Martín fue algo inolvidable y decisivo en la vida de Moro. La sintió siempre como si fuera algo propio.

Su intervención, sus días en aquellos parajes lo ataron para siempre a la Antártida.

En 1954 estuvo en la Base de Ejército Esperanza. Intervino en el montaje de las antenas rómbicas, construyó refugios -uno de ellos llegó a llamarse Refugio Antonio Moro (63º 25´S y 56º 58'O), como señal de estima de sus jefes-, ideó y montó el pequeño muelle flotante de la base que tanto facilitaría los trabajos de descarga de víveres y equipos.

En las largas patrullas mostró también su temple, soportó el peligro y la adversidad como los mejores.

Realmente la zona de influencia de la Base Esperanza está llena de recuerdos de su paso, de la obra de sus manos y de su sencillo coraje.

También estuvo presente en la campaña 1956-1957, pero esta vez la Base Belgrano, la más austral de la Argentina, a las órdenes del entonces mayor Jorge Edgard Leal, se relevaba al fundador de la Base, general Hernán Pujato.

Muchas veces más regresó a la Antártida, estimado por cuantos los trataron, parecía ser imprescindible cuando llegaba la hora de emprender ciertos trabajos.

Por este motivo es que –siguiendo un proyecto del general Leal- realizó un refugio especial, de fácil transporte y montaje que se habría de usar como punto de apoyo cuando los argentinos realizaron el largo viaje sobre la meseta de hielo que nos llevó al Polo Sur.

En el año 1965 un telegrama desde Belgrano informó a Moro que "su" refugio estaba ahora a 420 kilómetros al sur de Belgrano y se lo denominaba Base de Ejercito Alférez Sobral, que es hoy en día nuestra instalación más austral.

Sus sacrificios tuvieron una recompensa espiritual, en el año 1975 recibió un mensaje del presidente de la Nación, invitándolo a sumarse al grupo de los fundadores de la Base San Martín que se llegaría hasta bahía Margarita para celebrar el 25 aniversario de la base.

Siempre logró gran aprecio entra los antárticos y en su homenaje en el año 1981, sus compañeros de la dotación fundadora de la Base "General San Martín", al pie del busto del Gran Capitán colocaron una placa de bronce en la Base, que dice:

"Al Señor Antonio Moro. Querido compañero, integrante de la dotación fundadora, cuya eficaz acción y entusiasmo tanto contribuyo a establecer la Base de Ejercito general San Martín. Marzo 1951-1981. Dotación Fundadora."

Varios antárticos que lo visitaron en sus últimos años en la ciudad de Tandil, cuentan que al frente de su casa tenia colocado el Sector Antártico Argentino.

En el sepelio de sus restos el 26 de mayo de 1979, hablo el general de división (R) Hernán Pujato, quien expreso, entre otras cosas:

"Cuando se integro la dotación que debía fundar San Martín tuve la suerte de incorporarlo a la misma. Ahí nació el conocimiento, la amistad y la admiración que he sentido por este hombre tan leal como el mejor, honrado, trabajador, incansable, sencillo, siempre queriendo hacer algo y hacerlo muy bien, sin buscar otra recompensa que la satisfacción del deber cumplido. Siempre estaba contento y su alegría hacia bien a quienes se le acercaban."

Luego, el general Pujato recordó que Moro no se dejo asustar por los pronósticos que aseguraban el fracaso de la expedición y por las voces que vaticinaban la inutilidad de una base tan austral.

Prosiguió el orador:

"Porque Moro sabia, sin haber estudiado, que la fe en Dios y la energía espiritual que de ella emana es capaz de producir milagros que no pueden comprender el mero conocimiento técnico. Sin duda alguna, lo recordaremos con afecto pues Antonio Moro queda inscripto para siempre en la lista de los primeros que se lanzaron a dominar el Sector Antártico Argentino."

Detalles quilates fue este pionero italiano naturalizado argentino, que todos querían y respetaban por su hombría de bien, cualidades y capacidades en el duro trabajo entre los hielos.

Al requerirle información al Coronel EDB (R) Dr. Jorge Julio Casimiro MOTTET, único sobreviviente de la Primera Expedición Argentina a la Antártida, nos hizo llegar una semblanza de Antonio Moro, que amplia y ratifica todo lo mencionado, vale la pena leerla, para ello haga clic a continuación: http://www.marambio.aq/semblanzasmoro.html

Publicación del libro editado en Italia con sus historia, haga clic a continuación: http://www.marambio.aq/biomoro2.html

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