Fundación Marambio
Rescate del soldado Barón
En una infernal tormenta de nieve

RECUERDOS

El Comodoro (R) VGM Expedicionario al Desierto Blanco, Jorge Alberto CANOVA, que integró la Dotación 1970/71 de la Base Aérea Teniente Matienzo al ver los nombres de Velazquez y Mignani, integrantes en el año 1969 la Patrulla Soberanía, en los recordatorios del aniversario de la fundación de la Base Marambio; acudieron a su memoria los recuerdos imborrables de ese tiempo de Patria Blanca que vivió muy intensamente, conviviendo y aprendiendo como joven Alférez de la Fuerza Aérea de los testimonios heroicos y anónimos de hombres como lo dice de estos gigantes Señores Suboficiales que honraron y siguen honrando a nuestra institución.

Dice que pasaron ya más de cuarenta años y cierra sus ojos y los ve a cada uno de los integrantes de las Dotaciones 1970/71 de Matienzo y Marambio trascendiendo en el tiempo y la eternidad.

Nos relata hechos que se produjeron en una tormenta que duró tres días eternos por el viento, las piedras y la sensación de impotencia, que al amainar el temporal fueron tristes testigos de que el Beaver DHC-2, matrícula P-03 había plegado sus alas volando con el viento.

Manifiesta que con él se fue un pedazo de su corazón y allá en el chorrillo de la meseta sus alas abrazaron esa tierra querida que posibilitó con sus vuelos afianzar la soberanía nacional.

Nos cuenta que fue el lunes 21 de junio de 1971 encontrándose en la Base Aérea Vicecomodoro Marambio, vivió muy de cerca el.

RESCATE DEL SOLDADO BARON EN UNA INFERNAL TORMENTA DE NIEVE

Manfredi de la Dotación 1970/71de la Base Aérea Teniente Matienzo y yo dormimos sobresaltados acurrucados dentro de las bolsas de dormir en la habitación de Cabrera.

El zumbido infernal producido por el viento no acababa nunca, sino por el contrario a medida que transcurría el tiempo la velocidad e intensidad de su fuerza contra la estructura del Barrio Chino, aumentaba cada vez más.

Teníamos la sensación que la casa se vendría abajo, temiendo que el techo se volara. Aunque tapado hasta las orejas pude escuchar por el VHF que de la casa nueva preguntaban si el Soldado Aeronáutico Barón, uno de los integrantes del Grupo de Tareas de recuperación de restos del avión accidentado Fokker F-27, matrícula TC-77, se encontraba en la casa vieja.

El operador respondió que negativo. Del otro lado quien modulaba era el Cabo Primero de la Armada Argentina Carlos Arminguago. Que había ocurrido?. Este hombre salió de la casa vieja junto a nuestro soldado con intenciones de llegar a la otra casa.

Era tal la intensidad del viento que no tuvieron más alternativa que refugiarse en la Usina. Luego tomaron aliento y se animaron a hacer frente al temporal intentando llegar a destino.

El marino iba adelante y Barón detrás. A duras penas, enceguecido por la ventisca el primero pudo llegar a destino. Allí pudo percatarse que el soldado que lo seguía no había llegado. Inmediatamente se comunicó con nosotros y como Peralta en la radio le contestó en forma negativa, pidió que nos fijáramos en la usina.

Alguien de nuestra casa se dirigió allí, pero de Barón ni noticias. De inmediato cundió la alarma general, pues estábamos ante una situación de extrema gravedad donde la vida de un integrante de la Base se encontraba en peligro.

El Vicecomodoro Quela con el Primer Teniente Páramo, Burgos y Peralta recorrieron a los tumbos el trayecto entre una casa y otra con resultados negativos.

Mientras esto ocurría Cabrera, Manfredi y yo nos levantamos de inmediato. Afuera el viento soplaba con una intensidad superior a los 170 kilómetros por hora.

Nos aterraba el golpe del viento y sus ráfagas cortantes contra las tablas que conformaban las paredes de la casa.

Cuando el Jefe de la Base Marambio con todo el grupo llegaron a nuestra casa, Velázquez, Cabrera y yo nos preparamos para salir al exterior y hacer un reconocimiento.

Velázquez de constitución robusta y corpulenta encabezó la columna, yo al medio y Cabrera atrás. Nos aseguramos con una soga bien atada a cada cintura para no perdernos de vista.

Cuando Velázquez abrió la puerta que daba al exterior, una bocanada de nieve nos envolvió. Fue el primero en salir. Era tal la ventisca levantada que no se podía ver ni siquiera a un metro delante de nosotros.

Por entre esa maraña blanca pude observar como la figura difusa del hombre que me precedía era impulsado por el fuerte viento hacia la derecha. Inmediatamente se tiró al suelo y cubierto totalmente de nieve adoptó una posición de espaldas a la corriente de aire y así poder aguantar a los que les seguíamos.

Pegué el salto y sin llegar a tocar el suelo sentí el golpe de viento en el costado izquierdo de mi cuerpo siendo despedido hasta que la cuerda que me sostenía se tensó y terminé dando contra el suelo rodeado de un remolino de hielo y piedras.

Fueron unos segundos que me parecieron una eternidad. Quedé totalmente enceguecido, con la vista que me empezó a arder y una sensación helada en el rostro.

Mientras soportaba esta situación Cabrera saltó a continuación y se ubicó al lado de Velázquez. Ambos desde el suelo sostenían la soga para soportarme, pues era la primera vez en la vida que flameaba como un trapo.

Perdí la noción de tiempo y espacio. Cuando a duras penas pude distinguir la difusa figura de Velázquez, comprendí la seña que nos hacía con un brazo para avanzar en determinada dirección.

Enredado con la cuerda en la pierna derecha y tratando de poder ver, pues el viento me había corrido la capucha de la parca y el rompe vientos de lana me cubría la cara, aplastado contra el suelo lo seguí.

Llegamos a una puerta que me pareció que era la de la usina, pero que resultó ser por la que dos minutos antes habíamos salido. Ingresamos cubiertos totalmente de nieve y agitados. Nos dirigimos a la estufa a calentar nuestras manos.

Una vez repuestos, Mignani ocupó mi lugar. Mi delgadez y escaso peso se había transformado en un lastre al imposibilitarme mantener el equilibrio durante la marcha.

Los tres esforzados hombres volvieron a salir. Un par de minutos después que nos dejaron se cortó la luz, serían alrededor de las 11:00 hs. Todos nos preguntamos que había pasado. Temimos que hubiera fallado la Usina afectada por el fuerte temporal.

Nos mirábamos en silencio sin realizar ningún comentario rodeados del ensordecedor ruido exterior.

Estábamos afectados por la angustia de no saber que estaba pasando. Unos quince minutos después de la partida de la patrulla de rescate, la puerta se abrió:

- Lo encontramos, aquí está, gritó Velásquez.

- Cómo está?, fue la pregunta generalizada corriendo a recibir a los recién llegados y especialmente al soldado Barón.

- Está bien, no se preocupen. Hay que desvestirlo y calentarle las manos. Las tiene congeladas.

El júbilo general que se produjo fue indescriptible. Una vida había sido salvada casi por milagro arrancándosela de entre las garras a un viento implacable. Velázquez, Cabrera y Mignani tenían de parte nuestra, desde el Cielo y especialmente del pobre soldado Barón un eterno agradecimiento.

Mientras el afectado era limpiado de nieve y le aconsejaban realizar ejercicios con las manos para agilizar la circulación sanguínea, Velázquez nos explicó como lo encontraron.

- No bien llegamos a la Usina, le hice apagar el motor a Cabrera. Ello nos permitió continuar la marcha gritando y así poder escuchar la voz del soldado dándonos la pauta de donde podría encontrarse.

La respuesta vino a la altura del mástil ubicado entre la Usina y la Casa Nueva. Hacia allí nos dirigimos. Cuando Barón nos vio se abalanzó sobre mí y se aferró con desesperación.

“Soltame, carajo” le grité, agarrate de la soga. “No se aflija suboficial me contestó, está bien camino a la casa”.

“No boludo, no estamos perdidos, te venimos a buscar a vos. Ponete detrás de mí, agarrate de la soga y seguime”, le contesté. Así fue como llegamos. Gracias a Dios bien.

En esos momentos el viento se había embravecido haciendo temblar toda la casa. Cuando el soldadito perdido se recuperó le pregunté:

- Barón, como fue que se perdió?.

- Señor yo seguí detrás del marino. A la altura del mástil me tropecé y caí, con tan mala suerte que el viento me arrastró un poco y como la nieve me cegó, perdí orientación y el sentido de la ubicación. Como no sabía dónde estaba, me tiré al suelo y esperé. Cuando lo vi a Velázquez me le tiré encima y luego seguí agarrándome a duras penas de la soga pues no sentía las manos.

- Me alegro mucho que esté bien, le contesté, de gracias a Dios de estar vivo. El hecho de haberse quedado en el lugar donde se cayó sin intentar moverse, eso lo salvó.

- La verdad señor, que no la pasé bien. En un momento creí que ya nos los vería más.

Con una suave palmada en el hombro lo dejé recuperándose. Volví donde estaban los integrantes de la patrulla de rescate, quienes con una taza de café humeante en sus manos disfrutaban con sus compañeros el haber sido protagonistas, heroicos protagonistas, diría yo, de salvar una vida, poniendo en serio riesgo las propias. El Vicecomodoro Quela, con alegría y tranquilidad de espíritu disfrutó intensamente de este momento.

Como algo teníamos que comer, Cosentino se preparó un fuentón de tallarines al oreganato y así con unos pocos platos comimos todos.

Concurrir al baño, fue una verdadera odisea. Esta era una dependencia que sobresalía de la casa del lado de donde soplaba el viento sur. Como las ráfagas le daban de lleno, algunos de los que ingresaban a este local al tener la sensación de salir en cualquier momento expulsados hacia el exterior, lo hacían atados con una soga en la cintura en un extremo y en el otro en una saliente del interior de la casa.

Las necesidades se realizaban en el menor tiempo posible y una vez satisfechas se abandonaba velozmente el baño dejando atrás una verdadera tortura.

Alrededor de las 16:00 hs. con las últimas luces, Álvarez nos avisó que el techo de un galpón construido recientemente al lado de la usina, había sido llevado por el viento. Las ráfagas que se filtraban movían de un lado a otro el tablero central, por lo que era necesario cortar la energía eléctrica para evitar un cortocircuito con peligro de incendio.

Antes del corte de luz Cabrera se pudo comunicar con Tandil quien a su vez lo haría con Río Gallegos, el C-130 en vuelo hacia esa y también con Buenos Aires.

Al quedarnos sin energía eléctrica nos invadió la oscuridad. Unos calentadores a querosén reemplazaron a las estufas eléctricas. Nos iluminamos con velas y dos faroles de noche y para pasar el tiempo la mayoría nos reunimos en la Radioestación tomando mates y conversando. Fueron momentos vividos intensamente por cada uno de nosotros.

Varias veces pasó por mi mente la idea de que se volara el galpón y no dejaba de pensar en el Avión Beaver P-03 poniendo el pecho a este tremendo temporal.

Las piedras arrastradas por el viento machacaban las paredes del galpón con un tableteo infernal. Las antenas y los cables golpeaban el techo chicoteando.

Con la ayuda de baterías y por telegrafía, Cabrera se comunicó con Orcadas informando de nuestra situación. Mientras tanto Peralta y el soldado Canavese se dedicaron a fritar masitas elaboradas por Álvarez.

Acompañadas por unas tazas de café con leche, esa fue nuestra cena. Pese a la tensión reinante no faltaban las notas de buen humor. Luego el silencio, dando paso al murmullo exterior. Rostros pensativos, manos frotándose, piernas moviéndose constantemente y la vista clavada en el suelo, eran los síntomas característicos de nuestro estado de ánimo en estas circunstancias que de alguna manera se nos aparecían como dramáticas. Sentados a la luz de las velas fuimos esperando que las horas transcurrieran.

La presión atmosférica insinuaba un lento incremento. Todos teníamos la esperanza de poder salir mañana al exterior y apreciar así los efectos del temporal. Por seguridad Peralta y Manfredi tendieron un cable entre la Usina y el Barrio Chino, como guía y protección.

Autor: Comodoro (R) Licenciado D. Jorge Alberto CANOVA
Veterano de Guerra de Malvinas
Expedicionario al Desierto Blanco

Casado con Ana María Rindertsma con quien tuvo 8 hijos y nacieron 6 nietos y se domicilio actual en la ciudad de Córdoba.

Ingreso a la Escuela de Aviación Militar en el año 1965, egresando con el grado de Alférez y 1968 y realizo el Curso de Aviadores Militares (CAM) en 1969.

Su primer destino durante los años 1969 y 1970 fue la I Brigada Aérea de El Palomar, provincia de Buenos Aires.

Desde fines del año 1970 y durante 1971 integró la Dotación 1970/71 de la Base Aérea Teniente Matienzo de la Antártida Argentina.

A su regreso de la Antártida, en el año 1972, paso a revistar por unos meses en la Base Aérea Militar Comodoro Rivadavia y de allí fue destinado a la Escuela de Aviación Militar, donde realizó el Curso de Instructor.

Durante los años 1972 y 1978 se desempeñó en dicha Escuela como Instructor de Cadetes, fue Jefe de Compañía Cuerpo de Cadetes, Jefe División Incorporación y Alumnos y Ayudante Jefe del Cuerpo de Cadetes.

En el año 1978, pasó a prestar servicios en la IX Brigada Aérea Comodoro Rivadavia, hasta el año 1982.

Como Comandante de las aeronaves DHC 6 Twin Otter, matrículas T-84 y T-85, realizó dos cruces del continente a la Base Marambio y desde Marambio al continente. Durante 1981 tuvo un destino parcial en Marambio como Comandante del Twin Otter de dotación.

Durante los años1983 y 1984, realizó los Cursos de Auxiliar y Oficial de Estado Mayor Escuela Superior de Guerra Aérea.

Entre 1985 y 1988 se desempeñó como Asesor y Profesor en los Cursos de la Escuela Superior de Guerra Aérea.

Prestó servicios durante los años 1989 y 1990 en el Comando de Instrucción, como Jefe Departamento Logístico y Jefe Departamento Adiestramiento.

Durante los años 1991 y 1994 cumplió funciones en el Grupo Enseñanza Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea Córdoba, fue Jefe de Áreas Académicas y Jefe de Grupo Enseñanza.

En el año 1995 fue Jefe Aeropuerto Internacional Córdoba En 1996, Jefe de Grupo Estudios Escuela de Aviación Militar y en 1997 Jefe de la Región Aérea Noroeste.

En el año 1998 paso a revistar en situación de Retiro obligatorio.

Cursó Estudios Superiores y es Licenciado en Relaciones Internacionales, egresado de la Universidad Católica de Córdoba; Licenciado en Sistemas Aéreos y Aeroespaciales, egresado del Instituto Universitario Aeronáutico.

Cumplió actividades aéreas en las siguientes aeronaves: Mentor T-34, Guaraní G-II, DHC–6 Twin Otter ; DHC–2 Beaver ; Fokker F–27 , Hércules C-130 y Boeing 707.

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